miércoles, 6 de marzo de 2013

La muerte de Hugo Chávez y las conspiraciones de "los mismos de siempre"

Si el otro día abordábamos la renuncia del Papa desde un punto de vista poco convencional (ver artículo "Las profecías sobre la renuncia del Papa"), hoy, lamentablemente, nos toca hablar de otro suceso clave para estos "tiempos límite" que nuestro mundo está viviendo: la muerte del comandante revolucionario Hugo Chávez, presidente de Venezuela.

No entraremos aquí en polémicas políticas de ningún tipo, pues de eso ya está internet completamente saturado. Ni siquiera valoraré la insinuación del vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sobre la posibilidad de que el cáncer de Hugo Chávez hubiera sido provocado por aquellos que querían quitarlo de enmedio. En este artículo, como siempre, solo pretendo aportar algún indicio para que cada lector complete la búsqueda por sí mismo y llegue a una conclusión propia, yendo un poco más lejos de lo que en las noticias y medios de opinión convencionales se nos permite ver.

Todos los principales medios de comunicación -y de eso España es un vergonzante ejemplo-, han estado ridiculizando, despreciando, atacando y poniendo a la opinión pública en contra de Hugo Chávez y su revolución durante años. Todos, al unísono, sin importar la tendencia política a la que digan pertenecer. Ese hecho por sí solo ya debería ponernos en guardia. Se calificaba de "dictador" a un presidente elegido limpiamente en las urnas por mayorías cada vez más aplastantes. Se decía en tono burlón y despectivo que era un "populista", por llevar a cabo programas en favor de los pobres e implementar monumentales políticas sociales en su país, ganándose a cambio -como es lógico- el apoyo de la inmensa mayoría de la población. Se hablaba machaconamente del "régimen" de Chávez, una nueva insinuación que trataba de deslegitimar a toda costa, a ojos de la opinión pública, a un gobierno diferente, carismático, osado, contestatario... y democráticamente elegido.


Una imágen insólita: Hugo Chávez entregándole al presidente de los Estados Unidos,
Barack Obama, un ejemplar del libro "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano.


El motivo de todo esto, me atrevo a decir, es que no se podía tolerar que un gobernante arrastrara a las masas tras de sí, llevando a cabo programas progresistas de salud pública, educación, lucha contra la pobreza y el analfabetismo, vivienda y servicios sociales, con una ideología y una forma de hacer las cosas que podrían suponer un peligroso ejemplo para el resto de países de Latinoamérica (para más información, leer el interesante artículo "Los logros de Hugo Chávez y la revolución bolivariana", de Carles Muntaner). Y es que, en el "régimen" de Chávez, el capitalismo, el imperialismo y los recortes de derechos sociales a la europea no tenían cabida. Grandes empresas (las mismas que patrocinan y financian a los medios de comunicación en Europa) eran expropiadas o severamente controladas en sus actividades, en beneficio del pueblo. Las ganancias obtenidas con el petróleo que Venezuela produce no eran vendidas al mejor postor (multinacionales extranjeras), sino que se reinvertían dentro del propio país para apoyar ese nuevo orden social que la revolución bolivariana estaba construyendo. Y es justamente ahí, estimados lectores, donde nos damos de frente con la clave del asunto.

Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo del mundo. Más grandes, incluso, que las de Arabia Saudita. Nos encontramos ya muy cerca del llamado cénit o "pico del petróleo", es decir, del momento en el que la producción mundial de petróleo llegará a su agotamiento para después comenzar a caer en picado. Estamos hablando de un periodo tan corto que se puede contar en años, incluso hay análisis que afirman que el pico del petróleo ya se ha producido. Por lo tanto, la lucha por acaparar las reservas existentes será a muerte. Toda la economía de los países ricos depende del petróleo; para empezar, porque es casi su único combustible para la industria y el transporte. Es difícil imaginar la gravedad de la crisis que habrá de producirse en todo el mundo industrializado cuando el petróleo se comience a agotar y su precio suba imparablemente cada mes. Quienes posean y controlen el suministro del petróleo mundial, tendrán el poder. Y los países que no lo tengan, habrán de mendigarlo, mientras sus economías hacen aguas por todas partes.

¿A qué han obedecido por tanto invasiones militares recientes como las de Libia, Irak y Afganistán, o los constantes ataques diplomáticos y mediáticos contra Irán y Venezuela? Es tristemente simple: todo se reduce a conseguir el poco petróleo que queda en el planeta a cualquier precio, incluso al precio de la mentira y la difamación, de un golpe de estado provocado artificialmente, o de una guerra con cientos de miles de muertos. Irán y Venezuela todavía no han sido invadidos, pero han sido presentados durante años como un "peligroso enemigo" en todos los medios de comunicación, para poder así justificar, de cara a la opinión pública, las acciones que vendrán después para robarles su petróleo.


Si la muerte de Hugo Chávez genera una desestabilización tan grave en Venezuela que obligue a una intervención militar por parte de "los mismos de siempre", la opinión pública occidental aceptará e incluso aplaudirá gustosamente la invasión del país. El "régimen" será derrocado, y las multinacionales del petróleo tendrán barra libre para entrar y exploliar sus yacimientos, mientras el pueblo venezolano regresará a la miseria. Ya sucedió lo mismo en Libia, y la jugada les salió redonda. "Todos odiábamos a Gadafi". Todos estábamos contentos de que se venciera al "cruel dictador" para así liberar al pueblo libio e instaurar la democracia en ese país. Lo que nadie sabíamos -porque en ningún periódico y en ningún telediario nos lo contaron- era lo que Gadafi llevaba años haciendo por su pueblo (antes de la invasión, Libia era el país con mejor nivel de vida de toda África), hacia dónde iban destinados los beneficios del petróleo libio (programas sociales para el bienestar de la población) y adónde ha ido a parar todo aquello después de que Gadafi haya sido quitado de enmedio.

Por ahora, tras la muerte de Hugo Chávez, el gran mandamás mundial (Barack Obama, presidente de los Estados Unidos), ha declarado: "En Venezuela se inicia un nuevo capítulo en su historia, Estados Unidos sigue comprometido con políticas que promuevan los principios democráticos, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos". Si a estas alturas hemos estado un poco atentos y hemos aprendido a traducir el idioma que hablan los líderes mundiales, ya sabremos que "democracia", "ley" y "derechos humanos" significan en realidad cosas tan bonitas como "Guantánamo", "bombardeos sobre civiles" y "implantación en todos los países de una sociedad de consumo donde la libertad de las personas, la cooperación y la justicia social brillen por su ausencia".

Desde aquí quiero dejar mi respetuoso adiós a un hombre que no conozco, y al que presupongo innumerables errores y oscuridades como las de cualquier otro, pero que al menos se atrevió a ser auténtico y emprendió una cruzada pacífica contra el poder establecido, muriendo por una causa que consideró (y que era) justa. Esperemos que otros continúen ahora su labor, y sobre todo que el pueblo de Venezuela y de toda Latinoamérica -región especialmente abusada y oprimida desde hace siglos- decida con valentía cuál quiere que sea su identidad y su futuro.

Como ya adelantábamos en el artículo de las profecías sobre la renuncia del Papa que mencioné al principio, las piezas en el tablero de ajedrez mundial siguen moviéndose a toda velocidad. No es casualidad que haya tantos y tan decisivos movimientos en tan poco tiempo. La polarización cada vez es más grande: existe un orden establecido en beneficio de una élite minoritaria ("los mismos de siempre"), que provoca cada vez más injusticia y más miseria incluso en los países del primer mundo; y existen movimientos cada vez más fuertes, organizados y numerosos, de todo tipo y en todas partes del mundo, que luchan por cambiar ese infame orden de cosas que la humanidad ha tenido que padecer silenciosamente durante siglos.

Veremos quién da el jaque mate.

1 comentario:

Leonel dijo...

100% de acuerdo, tu visión es correcta desde mi punto de vista como venezolano que vive en este hermoso país desde hace 36 años.